Guardia de literatura: reseña a «Ubik», de Philip K. Dick

 

Minotauro (Esenciales)
Planeta SA, Barcelona
2011
Traducción: Manuel Espín
ISBN: 978-84-450-0823-2
282 páginas

El argumento es una broma pesada de Dick o que padece Dick, quien por entonces (1969), abusaba en demasía (más de lo acostumbrado), de cualquier droga psicotrópica que tuviera a mano, acentuando su paranoia constante de mundos alternativos y divergentes

Si repasamos la sinopsis de contraportada de la edición que he leído, alguien menciona hasta en dos ocasiones que esta novela es una comedia: una comedia metafísica y absurda. Yo, en cambio, me atrevería a asegurar que en realidad es una pesadilla, pues no se puede definir de otro modo lo que terminan viviendo sus personajes, encabezados por un protagonista llamado Joe Chip.

Dick ambienta «Ubik» en la década de 1990, en concreto en el año 1992, al que lo vemos amarrado de alguna forma misteriosa, aunque, al contrario que sucede en «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?», la Humanidad no habita bajo una capa opaca de polvo radiactivo, sino en un momento de revolución psíquica, con personas capaces de leer el pensamiento, anticipar el futuro, etc. Y, obviamente, hay gente a la que no le hace la menor gracia lo que puedan hacer estos nuevos capacitados cuando emplean sus dotes para la manipulación (como sucede con esos algoritmos y -wares que pululan por Internet y se alimentan de los datos de nuestros ordenadores e historiales de búsqueda). Así es como se justifica la existencia de las empresas de previsión, en cuyas nóminas constan inerciales, individuos capaces de contrarrestan cualquier uso abusivo de poderes contra sus clientes. Una de las empresas más sobresalientes del sector es Runciter Asociados, dirigida por Glen Runciter, un hombre de edad indeterminable por sus miembros y órganos artificiales, y que está en pie de guerra contra Ray Hollis, uno de los hombres más peligrosos del planeta Tierra y sus colonias espaciales. Hollis cuenta con un ejército de telépatas, precognitivos y otras rarezas con el que está dispuesto a poner todo patas arriba y sin hacer ascos del terrorismo.

Mas nuestra atención forzada a dirigirse hacia Joe Chip, un tipo sin poderes pero que es el mejor analista de candidatos para trabajar para la Runciter Asociados. Es como la mano derecha de Runciter, sin embargo, eso no le impide acumular deudas en una realidad en la que todo tiene un precio: abrir la puerta de casa, cinco centavos; abrir la del frigorífico, otros cinco centavos; darse una ducha, diez centavos… Tanto es así que en una escena no tiene ni monedas para salir de su apartamento (esto, sumado a la estrafalaria vestimenta con la que Dick describe a sus personajes, será el único guiño de comedia que encontraremos).

Los servicios de Chip serán requeridos cuando un “cazatalentos” como es el sospechoso G. G. Ashwood traiga a su presencia a Patricia Conley, una fascinante y singular mujer dotada de una capacidad psíquica jamás vista hasta la fecha: la manipulación del pasado. Chip no se fía de tan fascinante descubrimiento y posible activo para Runciter Asociados; no logra entender su poder y, lo más peligroso, puede que sea un agente encubierto de Hollis, y así lo hará constar mediante el código de señales convenido con Runciter. A pesar de todo, Conley será contratada y llevada junto con un extenso grupo de inerciales a la Luna para cumplir con un encargo a cambio de una sustanciosa retribución; un trabajo tras el que solo puede estar el hombre más rico de la Tierra. Pero viajar hasta la Luna es romper una de las normas de Runciter Asociados.

En unas instalaciones de nuestro satélite el grupo de inerciales, junto a Glen Runciter, será víctima de un atentado terrorista perpetrado por la organización de Hollis. Runciter resultará muerto, pero todos los demás sobreviven a la onda expansiva de forma milagrosa. Chip, con la ayuda de varios de sus compañeros, logrará preservar el cuerpo de su jefe en una fríovaina, esperando que su mente se mantenga estable para un estado de conservación en “semivida”.

De vuelta a la Tierra, en Zúrich, Chip llevará a Runciter hasta el moratorio mejor dotado del planeta, un establecimiento que podemos comparar con un enorme cementerio donde miles de personas son conservadas en frío, en ataúdes especiales. Allí los familiares pueden contactar psíquicamente con los “difuntos” por medio de una serie de mecanismos electrónicos, hasta que los semivivos se degradan por completo y mueren sin remedio, pudiendo alcanzar entonces una reencarnación. En ese mismo moratorio de Zúrich está Ella, la esposa de Runciter, quien lucha por sobrevivir al poder parasitario de un niño que también está en semivida; un ser monstruoso que será una de las fuerzas a las que Joe Chip tendrá que hacer frente.

Y lo extraño se vuelve rutina en una carrera extraña por no morir. No es sólo que Joe Chip y los inerciales recibirán extraños mensajes de Runciter, asegurando que está vivo y ellos muertos a consecuencia de la explosión, sino que todo a su alrededor irá sufriendo una degradación temporal hasta frenarse en el año 1939. Las frases sueltas de Runciter y la indiferencia de Patricia Conley llevarán a Chip al convencimiento pleno de que ella es un agente de Hollis y que siempre ha mentido, incluso cuando asegure no poder emplear sus poderes porque los ha perdido y así salvar a Runciter y a sus compañeros a medida que la regresión afecta a sus cuerpos.

Pero lo indiscutible es que la regresión, en apariencia, acabará con todos y que el único modo de salvarse es rociarse con el contenido de un aerosol llamado Ubik.

No es una comedia. Es una broma pesada de Dick o que padece Dick, quien por entonces (1969), abusaba en demasía (más de lo acostumbrado), de cualquier droga psicotrópica que tuviera a mano, acentuando su paranoia constante de mundos alternativos y divergentes, cuya semilla se encuentra enterrada en la tumba de Jane, su hermana gemela, muerta cuando era un bebé (1929). «Ubik» es una gota de agua que conduce a un océano tempestuoso en el que Dick se asomaba al confín del universo, tratando de dialogar con Dios.

La novela es corta y con buen pulso narrativo, pues siempre sucede algo, aunque resulte muy fácil que a uno se le nuble la vista cuando se explican los procesos cognitivos y de semivida. Una historia en la que nada tiene que ser lo que parece.


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