Guardia de cine: reseña a «Mothman: la última profecía»

Título original: «The Mothman Prophecies». 2002. EEUU. 113 min. Dirección: Mark Pellington. Guión: Richard Hatem. Reparto: Richard Gere, Laura Linney, Will Patton, Debra Messing, David Eigenberg, Alan Bates, Lucinda Jenney, Bob Tracey, Tom Stoviak, Bill Laing, Yvonne Erickson, Ann McDonough, Zachary Mott

Esta ficción no solo refiere al paso a un plano diferente, entre lo real y lo imposible, sino también a la lucha de un hombre roto por la muerte de la persona a la que ama con locura, y que se niega el contacto y una vida lejos de las sombras y el silencio

John Keel es un personaje muy conocido por aquellos que disfrutamos trasteando entre libros y demás medios dedicados a la fenomenología del Misterio, por ser un periodista que recopiló y hasta vivió algunos de los casos más extraños y absurdos de los que se tiene noticia, sobresaliendo su trabajo sobre las extrañas apariciones que precedieron al colapso del puente Silver, en la localidad de Point Pleasant (Virginia occidental), el 17 de diciembre de 1967. Ésta fue una tragedia difícil de digerir por los locales y que se extendió a todo el territorio nacional y, de allí, gracias a Keel, a todo el mundo. Es más, irónicamente, el detalle previo paranormal es uno de los pocos atractivos de la ciudad, aún a día de hoy y si quitamos ciertos momentos aquilatados de la época colonial y revolucionaria, que recuerda el hecho con una estatua de un hombre polilla salida de las más horripilantes pesadillas de un guionista de cine de serie B de los años 1950.

Era de recibo que lo recogido por Keel, bajo el título «The Mothman Prophecies» (1975), tarde o temprano, acabara en la pantalla, bien a través de Expediente X o a través de esta película protagonizada por un aún en forma Richard Gere, desubicando cronológicamente la tragedia, así como todo lo relacionado con el elemento extraño del mothman.

La película, hasta el día de hoy, solo la había visto a ratos, de esos tan apañados como los que brinda el mando a distancia a ciertas horas de la noche. Me pareció interesante la puesta en escena, en la que solo faltaban Mulder y Scully, y hasta inspiradora. Por lo que me la apunté.

«Mothman: la última profecía» centra la acción en el periodista del Washington Post John Klein, un hombre en shock tras la reciente muerte de su esposa Mary por culpa de un tumor cerebral. La cosa no es fácil de tragar, pero la angustia aprieta el corazón de John por algo más: aquello que vio su mujer antes del accidente de tráfico, justo en uno de sus momentos más felices. John inicia con dificultad la rutina de viudez, pero su trabajo no es un alivio y, entonces, lo absurdo se cruza en su camino cuando, una noche, recorre seiscientos kilómetros en dos horas (algo imposible), para acabar en los lindes de Point Pleasant, en la frontera de Virginia occidental con Ohio. Tras un incidente con un vecino con el que acaba trabando amistad por cierta locura compartida, John toma de contacto con la sargento Connie Mills, una mujer que se abre fácilmente al forastero por una afinidad necesaria.

El trabajo “serio” de John queda en un segundo plano a medida que va conociendo los extrañísimos casos que una desesperada Connie le va facilitando dentro de carpetas con el sello de la policía municipal estampado en la cubierta. Llamadas incomprensibles, sueños recurrentes, encuentros imposibles con humanoides y animales desconocidos, quemaduras en árboles e infecciones oftalmológicas para las que no hay diagnóstico (esto en la película, pues durante 1966-67, en Point Pleasant se avistaron OVNIS, hombres de negro…). John entra en la espiral (sino es que no lo estaba metido antes), entre lo onírico y lo paranoico a medida que va conociendo, aunque sea a un nivel de microbio frente a la realidad superior, a una inteligencia que lo sabe todo y que se le presenta bajo el nombre de Indrid Cold, una identidad que se hace incluso corpórea y es capaz de manipular sistemas electrónicos, como es realizar una llamada a un teléfono que no está conectado a la línea.

Una inteligencia que anuncia desastres que los receptores del mensaje no son capaces de interpretar y, menos aún, hacer algo para salvar vidas.

Y la espiral acaba conduciendo a la escena final del colapso del Silver bridge sobre el río Ohio (una escena que es para levantarse de la butaca y romper a aplaudir por lo bien hecha que está, por la ansiedad que provoca). Un evento del que John es advertido, aunque lo confunde con accidentes químicos que no se producen, y cuyo resultado final está en la mente de Connie.

Decir que esta ficción no solo refiere al paso a un plano diferente, entre lo real y lo imposible, sino también de la lucha de un hombre roto por la muerte de la persona a la que ama con locura, y que se niega el contacto y una vida lejos de las sombras y el silencio.

De lo malo que tiene la película, he de destacar la propia puesta en escena, con esos juegos de cámara y planos, repasando en diez segundos toda biblia de la camarografía y el montaje. Está muy bien cuando se dan en un instante concreto o la tensión va in crescendo, pero no cuando el nivel de intensidad está al 100% desde el primer instante. Llega a cansar y a aburrir, a lo que acompañan ciertos momentos del metraje que te hacen consultar el reloj a pesar de que hace un segundo estabas pegándote a la pantalla.

El filme es una adaptación libre de la obra de Keel, que es de no ficción y que lo escribió tras convivir con los vecinos de Point Pleasant durante los meses previos a la tragedia del Silver bridge, estudiando, entrevistando y componiendo todos los casos de manifestaciones paranormales que se sucedían, siendo que se modifican y mixturan ciertos puntos del ensayo y de otras investigaciones del periodista, como el hombre que encarna Richard Gere, quien está basado en la figura de Woodrow Derenberger, un hombre que dijo haber entrado en contacto con una entidad extraterrestre que respondía al nombre de Indrid Cold, del planeta Lanulo, a 14,6 años luz de la Tierra.

A pesar de los puntos negros y los trucos viejos para erizar el cabello, considero que es una película interesante aunque no excepcional.


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