Guardia de cine: reseña a «Communion» (1989)

Título original: «Communion». 198. 107 min. EEUU. Dirección: Philippe Mora. Guión: Whitney Strieber. Reparto: Christopher Walken, Lindsay Crouse, Frances Sternhagen, Andreas Katsulas, Terri Hanauer, Joel Carlson, John Dennis Johnston, Dee Dee Rescher, Aileen Fitzpatrick, R.J. Miller

La película, en general, está bien; es muy de su época, con esos momentos en los que se repite el tema principal hasta la saciedad, con ese acento ochentero… Sin embargo, su cierre no parece muy ajustado y es muy raro

Si os nombro a Whitley Strieber probablemente torceréis el gesto en un notorio signo de interrogación. Si os digo que es un famoso novelista estadounidense que ha tratado géneros como el terror, la ficción especulativa y los relatos, tampoco os sonará de mucho. Pero, quizá, algunos cambiéis el rictus cuando sepáis del título de su principal obra, «Comunión: una historia verdadera», y que es ufólogo.

Sí, claro, nos suena a todos los que seguimos el tema, aunque sea de pasada. «Communion» es el relato de las supuestas experiencias de abducción vividas por el tal Strieber el 26 de diciembre de 1985, sobre lo cual ha estado escribiendo y viviendo con bastante holgura desde 1987; una obra de no ficción a la que se suman otras en la misma línea, que franquean el límite entre la autobiografía y la investigación.

Nos tiene que sonar también por la película de 1989, dirigida por Philippe Mora, protagonizada por Christopher Walken y cuyo tema principal fue compuesto e interpretado por Eric Clapton; película guionizada por el propio Strieber, la cual es una mezcolanza entre «Comunión», su secuela, «Transformación», y otros apuntes varios.

La experiencia, que afectó también a su familia, hizo que Strieber cayera en la espiral de locura y terror que conlleva lo absurdo del hecho y su incomprensión. Y eso está muy bien retratado en la película, con unos personajes muy marcados ya de inicio que se ven golpeados por una visita inesperada y hasta desagradable. Se trata de forma somera fases psicológicas, tratamientos de choque, etc., para tratar de desenterrar el trauma, mientras se pasean por la escena y los sueños unos seres imposibles.

El montaje abusa en la fase, digamos, onírica y de hipnosis, siendo lamentable cuando vemos a Walken bailar con los extraterrestres, unas absurdas marionetas volantes y unos enanos metidos en unos asfixiantes y grotescos monos azules (puede que lo más bochornoso de toda la cinta). Eso sí, a mí la sola presencia de estos seres me inquietó y mucho (aunque no creáis: Walken (un actor al que adoro), en ocasiones, es más inquietante que cualquier ser exógeno…). Era obvio que no eran más que muñecos y gente disfrazada de forma tosca, pero los contactos cercanos es algo que me atrae y me aterra a partes iguales, como bien sabréis muchos de vosotros. Y la escena de la sonda anal ya me revolvió las tripas. Es una tontería; no se ve nada, pero se intuye y eso es bastante; después de lo cual, me parece aún más absurda la conclusión a la que se llega, como que estuvo en una especie de contacto con Dios o con una máscara de Dios; con unos seres que traían un mensaje de paz, amor y tolerancia. Curioso por las formas y las sondas.


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