Guardia de ensayo: reseña a «Los invencibles de América», de Jesús A. Rojo Pinilla


El Gran Capitán Ediciones, Madrid
Primera edición: mayo de 2016
ISBN: 978-84-94392320
236 páginas

Un ejercicio casi exagerado de síntesis biográfica dedicada a los principales descubridores y conquistadores de América que, por lo menos, ha despertado en mí el interés por este periodo histórico

Contaba yo con once años cuando se celebró el Vº Centenario del descubrimiento de América (cosa impensable en la pusilánime actualidad, no fuera a ofenderse nadie), y, como un niño en semejantes edades, poseía un superficial conocimiento y conciencia de lo que nos estaba rodeando. Miguel de la Quadra-Salcedo en pleno Amazonas se fusionaba en la televisión con las promociones de Coby en el Cola-Cao y de Curro para la Expo de Sevilla. Recuerdo hasta una publicación especial, en formato revista, que se coló en casa (un grueso volumen con páginas a todo color (hoy perdido) que mostraba todos los pabellones de los países participantes), y un continente plástico de helado que formó parte de la legión de figuritas sobre la repisa.

El hecho histórico en sí, a pesar de su indiscutible importancia, nunca despertó en mi interés alguno. No es una excepción, pues, aún a día de hoy, poca apetencia me sugieren episodios como la Prehistoria, el Imperio romano o el periodo comprendido entre 1650 y 1800. ¿Manías de uno? ¡Bah! ¿Quién tiene la respuesta?

Aunque habría que estar muy sordo para no haber oído hablar de Pizarro o Cortés, cierto es que solo puedo decir que conocía de ellos algo de pasada hasta que tomé la decisión de adentrarme en las páginas de este ensayo que rondaba por la librería familiar desde 2016. Me puse a la lectura empujado por esas turbadoras imágenes de blancos derribando y vandalizando las estatuas de la reina Isabel I de Castilla, la primera monarca en dictar la abolición de la esclavitud y en proteger a los nativos americanos bajo el auspicio de las leyes castellanas (si nos remitimos expresamente a su testamento), o de fray Junípero Serra, uno de los principales valedores de los indios (¿serían nazis disfrazados de “progres”, animados y dirigidos a destruir y barrer de los Estados Unidos de América todo rastro de cultura preanglosajona? De todos modos, es algo que comenzó en 1848). Imágenes que solo respondían a una hiperbólica e interesada respuesta al asesinato de George Floyd como excusa, pues, ¿quién se acuerda de él? 

El libro de Rojo Pinilla, «Los invencibles de América», se presenta como un breve compendio de nombres propios con sus biografías, brillantemente ilustrado con algunas de las obras de Augusto Ferrer Dalmau y unas pocas de otros menos impactantes, siguiendo un orden cronológico (o esa es la intención), de hito en hito, el descubrimiento y conquista del continente americano bajo el pendón de Castilla y del Imperio español. Un intento valiente en nuestros días, pero en el que abunda una larga serie de aristas que pueden resultar desagradables al lector. Para empezar, el autor peca, al igual que hice yo durante mis primeros pasos en el género del ensayo histórico, con una total falta de diligencia en la exposición de los hechos, en el sentido de que da por sentado que el lector sabe y conoce ciertos aspectos que la redacción obvia, pues son “de público y común conocimiento para aquel que tenga un título de Bachillerato de los años 1980-principios de los 1990”; para alguien que se hubiera metido con anterioridad en harina encontraría luz entre la oscuridad.

A esto añado que la redacción del texto está necesitada de una revisión gramatical y ortotipográfica, salvando arranques atropellados de capítulos y disponiendo de una mejor disposición.

Otro aspecto que me ha conducido a desmerecer la obra ha sido el abuso, por parte del autor, de jocosidades y vulgarismos, algo sobre lo que yo mismo tiendo en muchos de mis trabajos, aunque trato de ponerle cerco cuanto más largo es el artículo o la obra. Rojo Pinilla explota el pobre filón de los epítetos y las frases hechas para escarnio de ciertos personajes que, cierto, se ganaron a pulso un puesto entre los más ruines de la Historia (el cardenal Fonseca, Pedrarias, etc.), pero no se les puede colgar al cuello, cada vez que son nombrados, el consabido desprecio del escritor quien, con solo hacerlo en la primera ocasión, habría dado cuenta y transmitido al lector la idea; no se puede perder el tiempo en estos estoques al vacío.

En verdad que, salvados los escollos antes marcados, me ha sabido a poco esta monografía, no del todo bien estructurada, pues el autor sintetiza al máximo y llega a incluir apartados de ridícula extensión (de hasta dos parrafitos), en los que nada se nos cuenta.

Pero a lo que Rojo Pinilla dedica mayores esfuerzos, y eso es digno de alabanza, aunque sea a gritos en el desierto, es a combatir la Leyenda Negra que pesa sobre nuestras estrechas espaldas españolas, esa de la que tantos aún sacan rédito. Aunque tiene el acero suficiente para forjar una respuesta a la altura, el autor se pierde en callejones sin salida y en pataletas de puro orgullo ibérico que no son la forma de contrarrestar siglos de desinformación y falacias (y los que nos quedan). No es una obra con la que se pueda desmontar dicha Leyenda y despierte en el lector de base un ánimo de Justicia.

Lo bueno y positivo que tiene este corto libro es que me ha recordado y desvelado la identidad de personajes, avivando la llama de la curiosidad entre tanta ceniza. Rojo Pinilla me ha abierto una puerta que quiero atravesar para adentrarme en campos desconocidos, pues yo no me avergüenzo de este Pasado ni me voy a dejar vencer por los melindres hipócritas e interesados de lo políticamente correcto. 


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