Guardia de literatura: reseña a «Serpico», de Peter Maas

EDICIONES GRIJALBO SA, Barcelona
Traducción: Joana Hansen
Cuarta edición, 1976
ISBN: 84-253-0642-6
394 páginas
Un libro intenso, de labor periodística y narrativa, que relata unos hechos biográficos de un hombre que se impuso hacer lo correcto hasta sus últimas consecuencias

¿Cuál es el precio a pagar por hacer lo correcto? Según en qué lugar y momento, puede ser más alto de lo que se podría imaginar y sobrellevar. ¿Y si eres un agente de policía que lucha contra la corrupción del Departamento, entre agentes deshonestos y otros que prefieren mirar para otro lado y vivir tranquilos?

Frank Serpico se hizo célebre a comienzos de la década de 1970 al denunciar en The New York Times la corruptela imperante entre sus compañeros de la División 7 de policías secretas del South Bronx, Nueva York, quienes ejercían más de mafiosos extorsionadores que de agentes del orden. Serpico llevaba años frustrado y apático, con los puños ensangrentados de tanto golpear altos muros de hormigón y afónico por gritar a los sordos y silentes oficiales del estado mayor del NYPD, sentados cómodamente y con las piernas balanceándose sobre el vacío. El escándalo se materializó ante la constatación de Serpico de que un Departamento, al que estaban adscritos 35.000 agentes, nunca sería capaz de lavar y airear sus trapos sucios en la intimidad; que los respetados jefes, “intocables” a lo Elliot Ness, desechaban las denuncias de Serpico por “faltas de fundamento” y mostraban una abracadabrante desidia a la hora de hundir las manos en la mierda institucionalizada.

Serpico, quien siempre fue por libre y luciendo un aspecto que lo hacía diferente a los demás, hasta el punto de recibir el abierto desprecio de sus compañeros por sus pintas de hippie (importando poco que fueran un atuendo perfecto para el desempeño de su labor como policía secreta); él solo pretendía cumplir un anhelo infantil. Desde que apenas despuntaba del suelo quiso ser detective de la Policía de Nueva York; admiraba a los personajes con placa que poblaban los seriales y a los uniformados que veía patrullando por las calles del geto donde creció. Quería ser un buen policía, ayudar a la gente y ser respetado por ello; quizá lo quería demasiado, como concluye Maas al cierre de esta completa biografía. Y por eso le fue imposible tolerar la corrupción entre sus compañeros, incluso una de baja estofa como es la de poder comer en ciertos restaurantes a mitad de precio o incluso gratis (aunque, al fin y al cabo, Serpico se dio cuenta de que les servían restos del día anterior recalentados). En su día a día comprobaba que la población rendía una falsa veneración hacia la Policía, a esa parte más dada a la “suciedad”; una reverencia con desprecio dibujado en el rictus.

Con el escándalo servido e iniciados varios procesamientos contra algunos agentes corruptos, sin que las diligencias dieran con el camino correcto para subir de “escalafón”; con Serpico en Narcóticos, sucederá un hecho clave para su futuro como policía al recibir un disparo en el rostro durante una redada. Nunca se sabrá si sus compañeros se limitaron a un papel pasivo, siquiera molestándose en auxiliarle en el suelo, aprovechando la ocasión que un desconocido les brindaba de cumplir la anhelada venganza que ansiaban decenas de policías (teoría de Serpico, con base en sus propios recuerdos) o todo lo contrario (como juraron los dos agentes presentes). Lo cierto fue que el tirador era un camello que nada tenía que ver con la trama de corrupción, siendo que el disparo acertó en Serpico como pudo haber acabado incrustado en una grasienta pared.

Peter Maas alcanzó reputación por su excelente labor periodística, cristalizada en libros biográficos como este «Serpico», en el que analiza la figura del policía rebelde pero honesto mientras traza una historia a veces novelada para mantener al lector en su sitio y enganchado. Es periodismo de investigación y una biografía pura escrita por unas manos firmes sobre la máquina de escribir, con un buen gancho literario. Inicia la narración con la llegada de Serpico al hospital, gravemente herido de bala en el lado izquierdo del rostro. Tras tan dramática presentación, Maas dedicará tiempo al hijo de unos inmigrantes italianos (a quienes dedica el libro), un expandillero con una meta en la vida. Maas hará un esfuerzo por mostrarnos al joven Serpico en la Academia y en sus primeros destinos, donde descubrirá el rancio humor de ciertos policías apostados en la punta de un iceberg oscuro de corrupción y sobornos, haciéndonos quedar a cuadros ante escenas tan burdas que cuesta creer que sucedieran tal cual. También dedicará una buena parte a la labor policial, la jerga de los corruptos y al mundo oculto de la permisividad ante el juego ilegal, cuyos beneficios para los uniformados era considerado “dinero limpio”.

«Serpico» es la historia de un lucha contra un gigante de barro, pero gigante a fin de cuentas. De la de un hombre que se impuso hacer lo correcto hasta sus últimas consecuencias, soportando la tensión de vivir “encubierto” las veinticuatro horas del día para que no sospecharan de él; que fracasa en su disfraz pues en las comisarías había pocos tontos y los rumores tenían siempre peso, no habiendo escudo tras el que ocultarse con la quema del cartucho del NY Times. Es un libro intenso, cuajado de datos y detalles, aunque se le puede echar en cara a Maas la nula aportación de opiniones y conclusiones de aquellos individuos que interactuaban con Serpico, a excepción de contadas frases pronunciadas por la novia que tenía en aquel instante o por otros policías, a favor y en contra, durante los juicios (quizá se mostraron contrarios a tratar con Maas, pero no lo sé), recopilándose solo la versión de Serpico.

Esta biografía es una gran ventana hacia un tiempo pasado, oscuro y rico. Una lección de honestidad vital y periodística.

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