Guardia de cine: reseña a «La amenaza fantasma»

Título original: «Star Wars Episode I: The Phantom Menace». 1999. 130 min. EEUU. Dirección: George Lucas. Guión: George Lucas. Reparto: Liam Neeson, Ewan McGregor, Natalie Portman, Jake Lloyd, Samuel L. Jackson, Ian McDiarmid, Ray Park, Anthony Daniels, Kenny Baker

Una película que ha mejorado con el paso de los años. No estuvimos preparados para un génesis con tantas capas

Ésta fue la llamada a marcar nuestra generación tras un insoportable parón datado en 1983, solo perturbado por ciertos guiños piadosos como el reestreno de la trilogía en 1986 y las nuevas y extendidas versiones cuando lo “digital” se hizo un vocablo muy familiar. Acudimos en avalancha a las salas de cine con más pájaros en la cabeza que sosegado y frío raciocinio, por lo que, tras dos horas pasadas entre paredes y ante una enorme pantalla, salimos decepcionados y hasta enojados.

Con la templanza que otorga el paso de dos décadas exactas entre aquel día a las puertas del cine de un centro comercial y la noche pasada, cuando pulsé el botón de stop del mando a distancia del reproductor del DVD, pude cerciorarme de que nuestra opinión generalizada y crítica contra George Lucas carecía de sentido y fundamentación. Ahora creo que la culpa la tuvo en exclusiva (o gran parte de ella) la propia introducción a modo de grandes letras de color amarillo. ¿Qué diantre nos contaba? ¿Federaciones de comercio, aranceles comerciales, mociones en el senado, negociaciones diplomáticas? ¿Pero qué…? Y, claro, por entonces yo (y muchos otros incluso hoy día) no se dieron cuenta de que la génesis de gran parte de los conflictos humanos entre naciones es la supervivencia económica aún a costa del vecino. La Historia de la Humanidad está cuajada de enfrentamientos en los que unos ambicionan el poder de un área y, de paso, los recursos del vecino o de un reino mucho más lejano, frente a los que solo cabe humillarse o responder por las armas a la agresión solo para conservar lo propio. Se dice que la primera guerra con objetivo comercial, aunque el cántico homérico lo embadurnase de romanticismo, fue la de Troya, ambicionando las polis griegas acabar con el gigante y hostil enemigo asentado en la costa de Anatolia. Otro tanto se puede decir de las púnicas entre romanos y cartagineses. Hasta estoy seguro que la primera vez, los de esta cueva masacraron a los de la otra por estar más cerca del río o de un bosque de frutales.

El prólogo de «La guerra de las galaxias» a la que nos habíamos acostumbrado era mucho más simple y maniquea: luchadores por la libertad contra un supermalo que encarna todo lo que podemos odiar. Sin embargo, no somos tan simples; nuestra Historia no es nada simple, pero esto no impidió que nos chocara un argumento que es más propio de los telediarios y para lo que no necesitamos acudir al cine: una poderosa federación de comerciantes, incluso con representación en el Senado imperial, fuerza una serie de movimientos y acontecimientos políticos y militares que afectan a un planeta en apariencia insignificante, pero que es la cuna de un ambicioso senador que dará a entender a su reina que la República es un sistema corrompido y a merced de una burocracia acomodada y clientelar. Durante esas dos horas somos testigos de las primeras grietas profundas de un sistema que había mantenido la paz en la galaxia durante generaciones, pero que comenzaba a pudrirse desde dentro, emponzoñado por esos mismos que debían servir a los pueblos que los elegían. Unas grietas que darán lugar a la guerra civil, a la caída por su propio peso de un cuerpo moribundo y mantenido con vida a base de viales y sondas, y la instauración de un régimen dictatorial que triunfó donde la democracia fracasó.

Mientras tanto, comienza la historia de la saga Skywalker, con el descubrimiento de un joven esclavo de Tatooine que podría ser aquel que mencionaba una de las profecías más importantes y misteriosas del credo jedi, sazonado con el drama de la separación familiar y un peligro que se anuncia como nubarrones en el horizonte y no solo por la irrupción en escena de un lord del Sith.

Mi opinión sobre esta película ha cambiado con esta revisión y hasta me parece excelente, sobre todo en su estructura, con una evolución del drama y una alternancia de escenas dotada de una agradable suavidad, sobre todo en las batallas finales, en las que pasamos de un combate con sables de luz a otro campal entre droides y gungans, o a un desesperado enfrentamiento espacial o al ataque del palacio real de Naboo. Un auténtico encaje de bolillos que salió a la perfección y que hemos defenestrado por nuestra escasa visión para una historia que, para comprenderla, hay que hacerlo desde una óptica más adulta.

Por supuesto, hay muchas cosas que cambiaría de una película en la que estábamos predispuestos a opinar en falso. Una de ellas, aparte de lo ya mentado, es el inefable Jar Jar Binks, con quien Lucas quería hacer un sentido homenaje al género de comedia de cine mudo y en blanco y negro (otro tanto con los droides mecánicos de las carreras de vainas al estilo de Los tres chiflados), pero el propio guionista y director abusa tanto de este personaje que nos cae gordo no por ser torpe o proclive a la charlatanería o a los encontronazos no deseados, sino porque le priva de toda dignidad; no le permite ni un instante de valor o audacia, ni siquiera cuando dirige a los suyos en la batalla, ni siquiera una frase con sentimiento.

No suprimiría al personaje, pero sí reduciría su histrionismo y le dotaría de una evolución hacia lo que termina siendo: alto oficial del ejército gungan y futuro representante de Naboo en Coruscant.

Otra cosa que merecería un cambio sería que el pequeño Anakin Skywalker supiera decir algo más que “oops” (¿acaso Lucas estaría escribiendo el guión mientras escuchaba en bucle cierta canción de Britney Spears?) y que, cuando pilotase, mirara más al frente y menos a los controles o al suelo. Por lo demás, poco se le puede echar en cara al joven actor, salvo que la presencia de su personaje durante la batalla de Naboo no tiene el más mínimo sentido: ¿Qi Gon Jinn pretende mantenerlo a salvo y se lo lleva a una acción suicida de toma del palacio? Bueno…

Quizá lo que mereciera un buen remozado fuera, al igual que sucede con «Una nueva esperanza»,  la exposición del plan final maravilloso para que todos coman perdices. Es tan frugal como mandar una pobre treintena de cazas X e Y a por una mega estación espacial de combate, como si tuvieran alguna posibilidad, dejándolo todo a la Providencia o la casualidad o a la ingeniosidad del capitán Panaka (que urdirá una estratagema…).

«La amenaza fantasma» tiene los ingredientes que Lucas siempre quiso para sus anteriores obras, pudiendo al fin colar una emocionante carrera (correctamente extendida para la versión en DVD) y fondos más espectaculares a base de golpe de teclado de ordenador (destacando la ciudad gungan), pero con una sobrecarga excesiva, sobre todo con los trajes de Natalie Portman como la reina Amidala, quien solo repite modelo una vez y quien, en verdad, solo está realmente guapa y atractiva con su uniforme de batalla y a cara descubierta. Los efectos especiales y el atrezo, más que en ninguna otra entrega, son casi personajes y protagonistas, revelando hechos y secretos de los interlocutores (sobre todo en el caso de Palpatine), así como permitiendo las mejores escenas filmadas hasta fecha de esgrima con sable de luz y que puede que fueran lo que mejor sabor de boca dejó en el público en aquel año 1999.

Considero que no estuvimos a la altura y preparados para el giro propuesto por Lucas, y que la propia introducción de la película nos confundió sobremanera, hasta el punto de afirmar (esto lo digo yo) que si la sinopsis se rescribiera, muchos verían este filme de nuevo y cambiarían de opinión sobre el mismo. Su argumento es una crítica muy íntima y feroz hacia los integrantes de un sistema debilitado en el que no se logra arreglar problema alguno salvo ahogándolo en el fango de las comisiones; un sistema a merced de conspiradores en la sombra capaces de dar un golpe de mano para mantener sus privilegiada y acomodada posición o para instaurar un régimen más feroz y aislado, vendiéndose como mejor y más eficaz, aunque sea limitativo de derechos. Pero también una crítica hacia aquellos que viendo lo que sucede prefieren obviarlo o, cuando son las víctimas, esperan que extraños vayan a empeñar su sangre para salvarles el culo. 

Es curioso, pero la trama argumental de Lucas parece haberse adelantado en el tiempo justo esas dos décadas que he dejado pasar y es que la ciencia ficción siempre ha sido el vehículo para denunciar los males de una sociedad con los ojos vendados.

3 comentarios:

  1. Me alegra ver una critica positiva a este peliculón. La lástima es que tampoco acabes de atinar con el gran logro de esta obra cinematográfica: crear el mundo de ficción más fascinante de la historia del séptimo arte. Y Amidala es el eje principal de todo ello, es la Diosa.

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    1. Gracias por tu comentario. Respecto a lo que dices del mundo de ficción más fascinante jamás creado para el cine no lo pongo en tela de juicio; pero éste ya existía desde 1977

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    2. Sí pero no. La mitología que crea Lucas en el 77, con la trilogía original, es increíble. Supo tocar resortes del subconsciente colectivo, y por eso se impuso a otros productos de ciencia ficción más lógicos, más grises. Pero La amenaza fantasma, estéticamente, para mí es lo máximo. Todo el mundo "nabusiano" es muy especial, su estilo neorrenacentista, una apuesta muy diferente a lo que el cine se prodiga en el espacio. Es un puntazo que solo Lucas se ha atrevido a hacer, y vaya si le han dado palos por ello. Ahora estamos viendo una trilogía mucho más convencional, muy encorsetada en los canones tanto de la trilogía original como del género en general.

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