Guardia de cine: reseña de «The Creator» (2023)
Título original: The Creator. 2023. 133 min. EEUU. Dirección: Gareth Edwards. Guión: Gareth Edwards, Chris Weitz. Reparto: John David Washington, Madeleine Yuna Voyles, Gemma Chan, Allison Janney, Ken Watanabe. Música: Hans Zimmer
Un prodigio visual con decenas de referencias que ofrece una visión positiva de la IA
El problema que le veo a esta película es que muestra excesivos paralelismos visuales y narrativos con Rogue One, cinta de la que Gareth Edwards también es director. Tanto es así que no habría extrañado ver corriendo a Diego Luna y a Felicity Jones en alguna de sus escenas, o cazas TIE volando junto a las futuristas naves policiales, sorteando enormes y fascinantes edificios, todos ellos muy del estilo de Simon Stålenhag (robots incluidos).
Ese es para mí el problema, a pesar de que es una verdadera maravilla técnica.
Dejando lo anterior a un lado, The Creator nos narra la historia de un futuro alternativo. Digo alternativo pues se nos presenta un pasado distinto en el que la robótica y la inteligencia artificial han avanzado mucho más que en nuestra realidad. A esto ayuda la secuencia de imágenes con grano propio de los años 1960 y 1970 con robots incluso realizando operaciones quirúrgicas.
La trama nos traslada a mediados del siglo XXI, con una humanidad que se dejó abandonar a la inteligencia artificial, con el consiguiente peligro de quedar a su merced. Por suerte, estas inteligencias evolucionaron hasta el punto de haber desarrollado sentimientos y emociones, como el apego, la familia, la lealtad e, incluso, la espiritualidad. Sin embargo, en un momento dado, una IA (por un error que luego se nos revelará como humano) hace estallar una cabeza nuclear en el centro de la ciudad de Los Ángeles, arrasando la población entera. Este evento hace "despertar" a los humanos y se inicia una cruzada cuyo objetivo es eliminar a las inteligencias artificiales en todas sus formas, encabezada por los Estados Unidos de América (nada sorprendente). Para ellos la cuestión es sencilla: si ellos no quieren a las IA, nadie en el mundo las debe tener. Como una suerte de yihad Butleriana.
Frente al ariete yanqui, que se sirve de la megaestación espacial USS Nomad y cuyos comandos entran como elefante en cacharrería en operaciones de búsqueda y destrucción, se alza la Nueva Asia, una unidad política y nacional cuyas fronteras e intereses no quedan muy claros. Allí las IA siguen conviviendo con los humanos sin ningún problema, desarrollándose una nueva humanidad. Un mundo aparte donde se esconde Nirmata, un ingeniero informático que sigue creando inteligencias artificiales y que es el cabecilla de la "rebelión" contra los intereses humanos.
El protagonista de la acción es Joshua, un sargento del Ejército de los EE.UU. que trabajó de incógnito para capturar a Nirmata, pero que acabó enamorándose de Maya, la hija de este, y dejándola embarazada. Sin embargo, una acción bélica no comunicada reventó su tapadera y, con la delicadeza que caracteriza a los operarios de la USS Nomad (una estilizada Estrella de la Muerte), hizo saltar por los aires uno de los cuarteles enemigos. Por supuesto, ahí tendremos al hombre traumatizado, pues Maya muere con su hijo en el vientre.
Años después, el general Andrews y la coronel Howell pretenden reclutar nuevamente a Joshua para la empresa de poner fin a la guerra y exterminar a las IA. Su discurso superficial justifica la acción bélica en el temor a que las máquinas lleven al homo sapiens sapiens a la extinción, como este hizo con el neandertal. Sin embargo, su diatriba no convence a Joshua, más que nada porque resulta obvio (y así se recalca) que las propias máquinas son más humanas que los mismos humanos. Así lo grita una mujer local durante la redada a la que Joshua se une: "los de ahí abajo (refiriéndose a los del laboratorio de IA del subsuelo) tienen más corazón que vosotros".
Andrews y Howell saben que Nirmata ha creado un ente capaz de destruir a la USS Nomad. Necesitan a Joshua por su especial relación con los rebeldes y sus conocimientos de sus bases, pero si el protagonista se les une es porque le hacen creer que Maya sigue viva.
De uniforme de combate, Joshua acabará encontrando a Alphie, el arma de Nirmata, que es una niña simulante (un robot avanzado con apariencia y comportamiento humano), y de la que sabrá que puede crecer físicamente. También descubrirá que tiene poderes con los que conectar con las máquinas y que irán aumentando (en este punto hay cierto paralelismo con Akira, de Katsuhiro Otomo).
No voy a seguir contando más, pues ya os podréis hacer una idea.
Lo más destacable es que en esta película no se refiere a la IA como un peligro. No es una cinta tecnofóbica al estilo Terminator y otras similares. Los robots se asemejan más a los de Yo, robot o a las inteligencias de Ghost in the Shell, en cuanto a un anhelo de adquirir libertad y autonomía. Me ha interesado esa representación de los androides con un comportamiento humano y la incapacidad de los propios humanos por verlos como algo más que máquinas.
No solo es la señora mencionada antes, que espeta a los brutales soldados americanos que los robots tienen más corazón, sino que hay escenas que pueden pasar desapercibidas o no tanto, en las que se cruzan aparentes máquinas abatidas por la tragedia, llorando a sus muertos, desarrollando una espiritualidad y abogando por la convivencia. No se nos presentan entes cuyo cometido es el de aniquilar a la humanidad, sino el de compartir el planeta. Pueden entender la desesperación del homo sapiens sapiens, que se queda rezagado en la carrera evolutiva, y por ello no lo van a violar y exterminar.
Es una postura cuanto menos interesante.

Post a Comment