Guardia de cine: reseña a «Mirai: mi hermana pequeña» (2018)

Título original: «Mirai». 2018. 100 min. Japón. Dirección: Mamoru Hosoda. Guion: Mamoru Hosoda

Una fábula en la que se entrecruzan la realidad y el sueño para recordarnos la importancia innata de nuestros lazos familiares

La vida de Kun-chan va a dar un giro torbellinesco cuando su madre regrese a casa con su hermanita pequeña en brazos. Lo que a priori debía ser motivo de alegría para todos, pronto provocará en Kun-chan serios arrebatos de celos, algo demasiado común a su corta edad de cuatro años pues se ve destronado por una bebé que requiere toda la atención de sus padres, incluso del torpe cabeza de familia, quien esta vez no se libra con la excusa del trabajo.

Kun-chan, un niño a la par adorable e irritante, como todos los críos de su edad (excelentemente retratado en esta película), deberá enfrentarse a varios obstáculos durante los primeros meses de vida compartida con Mirai a quien, como él expresa en infinidad de ocasiones, “no soporta”. Los celos del chaval llegarán al punto de pegar a su hermana y de considerar a su madre una especie de mujer-demonio, incluso de creer que sus padres ya no lo quieren. Es durante estos accesos cuando Kun-chan, en el raquítico jardín de la casa donde reside, junto a la morera, vivirá una serie de episodios turbadores y disrruptores de la realidad y el tiempo, tanto es así que primero tendrá una escena muy divertida con Yuko, el perro de la familia, y, luego, conocerá a la Mirai del futuro, quien le pedirá ayuda.  El argumento de la contraportada del DVD llega hasta aquí, más o menos, por lo que se nos puede formar en la cabeza una imagen equivocada de lo que vamos a ver a continuación.

A lo largo de distintos episodios, Kun-chan viajará también al pasado para conocer a su madre a la misma edad que él tiene (e igual de revoltosa), o a su bisabuelo, quien le dará la confianza necesaria para enfrentarse a algo tan importante como es el aprender a andar en bici sin ruedines. Todo ello le llevará a un último episodio de pesadilla para comprender la parábola de la fábula.

Aunque al cariz de la película es realista, Mamoru Hosoda no ha podido por ello desvincularse del toque Ghibli en el retrato infantil y en las aventuras del pequeño durante esos inexplicables momentos de ruptura con el espacio-tiempo. Las notas de humor son conocidas, pero no por ello supone un impedimento para el disfrute. En muchos momentos el espectador se sentirá tremendamente feliz viéndose, incluso, identificado en algunas de sus escenas.

En el apartado gráfico la animación es sobria pero, cuando se quiere llegar a un punto más alto, se abusa del 3D, el cual canta mucho con el 2D de la totalidad de la cinta.

La pena es que no hay una mayor interacción entre el Kun-chan de cuatro años y su hermana pequeña adolescente, que podría haber llevado al guion a una infinidad de gags humorísticos y de confusión.


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