Guardia de cómic: reseña de «El Sueñero (la historia completa)», de Enrique Breccia

001 EDICIONES 2010, Torinto

2010

ISBN: 978-88-96573-99-X

145 páginas

Una obra tan fascinante como desconcertante, El Sueñero es una muestra de la libertad creativa (y los excesos) de Enrique Breccia, maestro del cómic argentino

Para aquellos que hemos hollado los senderos del cómic en español, el nombre de Enrique Breccia no resulta desconocido, aunque no hayamos tenido la oportunidad de tener entre las manos una obra firmada por el ilustrador y guionista argentino. Grande entre los grandes del cómic iberoamericano, Breccia destaca por su estilo y gusto por la experimentación en una dilatadísima carrera durante la cual se ha ganado la admiración del público y el beneplácito de la crítica.

El Sueñero es considerada una de las obras maestras de Breccia por su fantasía desbordante, su humor extravagante y sus mensajes criptográficos (imposibles de resolver para quienes no sean argentinos de cuna o adopción). Nació como un proyecto para ser publicado por una editorial española; sin embargo, el editor resolvió el contrato sin dar muchas explicaciones poco después de que Breccia comenzara a dibujar, y dejó al autor con varias planchas y una historia errática que acabaría encontrando su lugar en la revista Fierro.

El brutal carpetazo editorial se nota. La narración arranca en un futuro lejano y distópico, asolado por la guerra. De pronto, llega la paz y, con ella, una enfermedad mortal relacionada con el hastío. Los sabios de entonces contratan al mercenario conocido como Ñato o El Sueñero para que navegue por el espacio-tiempo y reclute (o capture) luchadores para el sirko roman-ho, festejo antiguo con el que se pretende erradicar el mal social. De este modo, Ñato tendrá la ocasión de atrapar al Minotauro de Creta, fichar a Mr. Hyde tras conocer a Jack el Destripador y trabar amistad con el lobizón, mientras se repasa parte del folclore de la región de Buenos Aires.

Es entonces (quizá un poco antes) cuando la editorial española debió resolver el contrato, y Breccia se liberó de toda cadena o norma narrativa, abandonándose a una suerte de psicosis política argentina de corte nacionalista, peronista, anglófoba y antiestadounidense, necesitada de un apéndice al final del tomo. Tanto es así que El Sueñero terminó por ganarse el apelativo crítico de “panfleto montonero” (algo con lo que no estoy en desacuerdo). Dicha parte central resulta excesiva en su carta política, densa y poco accesible para aquellos ajenos al código político y cultural de Breccia. La apuesta de Breccia se vuelve contraproducente.

Tras semejante interludio, con el fin la batalla contra el gusano Ging-ho, Breccia —quien debía de estar aún más ocioso y sin trabajo a la vista— continuó con unos capítulos de ocho páginas: una especie de chistes criptográficos que, para quienes no comprendan la idiosincrasia argentina, resultan indescifrables o casi .

El Sueñero arranca con un planteamiento muy interesante y divertido, con la captura del Minotauro y Ñato haciéndose pasar por Teseo, mas, en mi opinión, gira sin control tras el carpetazo editorial. Es una curiosidad a tener en cuenta en nuestra librería, sí, pero no será del gusto generalizado.

A nivel técnico, no hay nada que reprochar a Enrique Breccia. No rebaja su calidad, por mucho que El Sueñero acabase convertido en un mero divertimento y guiño, publicado a mediados de los años ochenta.


No hay comentarios

Con la tecnología de Blogger.