Guardia de cómic: reseña de «Heilman», de Alain Voss (1980)

Título original: Heilman
    NUEVA FRONTERA S, Madrid
Colección negra
1980
ISBN: 84-85391-61-6
53 páginas

En Heilman, Alain Voss condensa una crítica feroz a la cultura de masas mediante una narrativa distópica de tintes psicodélicos y oscuros

Un one-shot extraño dentro del ecléctico y turbador universo de títulos que orbitaban en torno a Metal Hurlant. Una rareza difícil de definir, que responde, a ojos de muchos críticos, a un sueño alimentado por dosis de LSD y que llevó a Alain “Al” Voss (1946-2011) a escribir, dibujar y publicar en 1978 una historia tan extraña como íntima, para el sello donde desarrolló buena parte de su carrera como historietista.

Heilman es un rockero glam cubierto de cruces gamadas y runas sig. El uso de la parafernalia nazi con fines provocativos fue algo muy común en la década de los setenta, y Voss no era ajeno a ello. Conocedor del mundo de la industria musical, este grafismo fascista le sirve a Voss para satirizar a las discográficas y su autoritarismo productivo. Heilman y su espíritu creador no sirven a otro propósito que el de alimentar un mal mayor: la industria del rock y sus magnates.

Heilman, ídolo de masas y con un estilo musical apocalíptico, descubre en un concierto la presencia de una figura tenebrosa: un poderoso demonio al que enfrenta, pero al que es incapaz de vencer. Tanto es así que muere. Su cuerpo físico deja de ser receptáculo de su alma, que inicia entonces un viaje por dimensiones y universos alternativos —el purgatorio de los rockeros, la dimensión robot, etc.—, siempre escapando del final oscuro que representa la Guadaña. Hasta que, finalmente, tiene la oportunidad de enfrentarse de nuevo al demonio.

La narración es pesimista, tanto o más que la fantasía distópica que Voss imprime con trazos gruesos y fieros. La oscuridad lo domina todo, así como el surrealismo, en un viaje del héroe hacia una prueba final que pocos lograrían superar.

Las viñetas están únicamente acompañadas de cartelas narrativas, salvo en el penúltimo capítulo, donde Voss se permite dar voz a Heilman y a los personajes que lo rodean. Una ruptura del estilo narrativo que resulta chocante, salvo por el hecho de que anuncia el inminente enfrentamiento con el demonio.


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