Guardia de cine: reseña de «El perro de los Baskerville» (1959)

Título original: The Hound of the Baskervilles. 1959. 87 min. Reino Unido. Dirección: Terence Fisher. Guion: Peter Bryan basándose en el trabajo de sir Arthur Conan Doyle. Reparto: Peter Cushing, André Morell, Christopher Lee, Marla Landi, Ewen Solon, David Oxley, Francis de Wolff, John Le Mesurier

Una muy buena adaptación del clásico, aunque no sea la mejor

Por A o por B, a todo el mundo le suena la historia de El perro de los Baskerville. Con independencia de que sea capaz de pronunciarlo bien, y no digamos ya de escribirlo. Tampoco importa si se ha leído o no la novela, o si, incluso, uno huye como la peste de este tipo de género.

Esta obra destaca por encima de todas las firmadas por sir Arthur Conan Doyle. Mucho más que Estudio en escarlata, El signo de los cuatro, etc. Me inclino por creer que esta popularidad se debe a que se incluye entre sus páginas una buena ración de terror, al menos tal y como se concebía hace más de un siglo. Un misterio que resolver y la sombra siniestra de un enorme perro asesino son ingredientes más que válidos para atrapar a cualquiera.

En casa tenemos una edición, ya muy viejita, con una portada que siempre me atrajo y aterrado a partes iguales durante mi infancia y adolescencia: la cabeza de un perro negro, con grandes ojos verdes y una mandíbula casi desencajada, lista para saltar del papel a la realidad. Seguro que muchos otros, sin esa incitación imaginativa, tuvo pesadillas con ese legendario animal que vagaba por el páramo, dispuesto a llevarse la vida de otro Baskerville. Por lógica, la historia tenía que ser llevada a la pantalla.

Si contamos ésta que hoy reseñamos, en el portal de Filmaffinity se enumeran hasta ocho versiones (aunque veo que falta el capítulo de la revisión del clásico en la serie Sherlock (2010) y otras muchas), siendo la más antigua una producción alemana del año 1914, dirigida por Rudolf Meinert, y la más curiosa una miniserie para la televisión producida en la Unión Soviética, allá por el año 1981. 

La que nos ocupa hoy es la de 1959, dirigida por Terence Fisher gracias al capital de la compañía Hammer, y protagonizada por Peter Cushing (Holmes), André Morell (Watson) y Christopher Lee (sir Henry Baskerville). Y es que Hammer va de la mano del cine de terror clásico, y si hay dos rostros clave, son los de Cushing y Lee. Resulta hasta “novedoso” ver a éste último en un papel distinto del de Drácula, ¿verdad?, aunque también es cierto que participó en otras producciones que giraban en torno al mítico detective creado por Conan Doyle, como en El último secreto de Sherlock Holmes (1970), dirigida por Billy Wilder.

No voy a perder el tiempo en sintetizar el argumento, pues todos (o casi todos) nos lo sabemos bien. Lo que sí puedo hacer es hablar sobre la versión en sí de la Hammer que, aún no teniendo fresca la relectura del clásico literario, me ha parecido muy fiel a lo escrito por Conan Doyle. Sin embargo, el espectador menos familiarizo no captará muy bien cómo Holmes descubre al asesino real. Obviamente, tiene que ver con el cuadro “desaparecido”, pero sucede demasiado rápido.

Por otro lado, estamos tan acostumbrados a ver a Christopher Lee como villano cinematográfico que cuesta encajarlo en el papel de un inocente heredero sometido a la terrible maldición de los Baskerville.

Podría decir que, por un lado, la película no ha envejecido bien. Resulta aburrida por momentos y sus efectos, aunque debamos ser indulgentes, son más propios de una obra de teatro que de una película en sí. No soy un gran experto en la filmografía de la Hammer y apenas he visto unos contados títulos suyos; no obstante, esta versión es muy fiel y resulta una buena adaptación del clásico de Sherlock Holmes, siendo lo más destacable la actuación de Peter Cushing, quien encarna, como nadie, al personaje.

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