Guardia de televisión: reseña a la primera temporada de «Todas las criaturas grandes y pequeñas» (2020)

Título original: All Creatures Great and Small. 2020. 7 episodios de 48 min. RU. Dirección: Ben Vanstone, Brian Percival, Andy Hay, Metin Hüseyin, Sasha Ransome, Stewart Svaasand, Jordan Hogg. Guion: Lisa Holdsworth, Ben Vanstone, Maxine Exley, Jamie Crichton, Chloë Mi Lin Ewart, Julian Jones, Karim Khan, Debbie O'Malley, Helen Raynor, Freddy Syborn. Libros: James Herriot. Reparto: Samuel West, Anna Madeley, Nicholas Ralph, Rachel Shenton, Callun Woodhouse. Música: Alexandra Harwood

Entre la vida rural inglesa y la ternura de la veterinaria, Todas las criaturas grandes y pequeñas nos invita a descubrir un mundo donde la humanidad y el humor se entrelazan con cada visita al consultorio

James Alfred Wight (1916-1995) tuvo la brillante idea de dejar un legado imperecedero para el deleite de sus lectores y descendientes al plasmar en papel las anécdotas que fue viviendo desde el momento en que comenzó a trabajar como asistente de veterinario en el rural inglés, allá por mediados de la década de 1930. Tuvo la amabilidad de cambiar los nombres propios de los pueblos y de sus personajes —incluido el suyo, que pasa a ser James Herriot, adoptando este seudónimo—, pero poco más, a la hora de crear una serie de libros que alcanzó una fama extraordinaria en el Reino Unido y, posteriormente, en otros países gracias a las traducciones a distintos idiomas. Tanto fue así que su obra ha sido adaptada varias veces para la pequeña pantalla, siendo la última producción televisiva relativamente reciente (2020), con el conocido actor Samuel West interpretando a Siegfried Farnon, el jefe de Herriot.

El autor nos traslada a la localidad ficticia de Darrowby (en realidad, Thirsk, en Yorkshire del Norte), donde Herriot, recién licenciado en veterinaria, logra una entrevista de trabajo con el irascible pero, en el fondo, bonachón Dr. Farnon. Contra todo pronóstico, James consigue el puesto, a pesar de la fama de Farnon de ser un ogro con los aspirantes —quienes apenas lograban permanecer unos días—. Sin embargo, la irritabilidad crónica de Farnon no es la razón principal por la que tantos candidatos desistieron. Lo que realmente los hacía huir era el propio Darrowby o, más bien, sus habitantes, quienes conforman una cornucopia de sarcasmo insoportable y un repertorio extenso de lenguas bífidas dispuestas a humillar a cualquier joven recién llegado del ámbito urbano.

Durante los primeros capítulos de esta primera temporada, somos testigos de cómo James es sometido a una tensión intolerable, no por la rectitud de Farnon, sino por los clientes que se burlan de él por su juventud, su inexperiencia y su procedencia de Glasgow. Para ellos, James es tonto y su opinión médica vale menos que una colilla en el suelo. Esta situación lo obliga a enfrentar diversas circunstancias desagradables: poner la otra mejilla, dibujar sonrisas forzadas y contener su frustración. Lo mismo ocurre cuando debe enfrentarse a una pareja de viejos aparentemente encantadora pero burlona, o cuando se ve obligado a sacrificar al mejor caballo de los establos de los terratenientes locales. En este último caso, Herriot diagnostica una obstrucción incurable al momento de su llegada, y el sacrificio del noble animal le vale el apodo de “asesino de caballos”, incluso después de que Farnon confirme mediante la autopsia que Herriot actuó correctamente.

De todo el pueblo, solo una familia puede considerarse normal, salvo el padre: los Alderson, con Helen a la cabeza. El resto de los habitantes se muestran odiosos hasta que Herriot logra ganarse su respeto. Tanto es así que, en comparación, cualquier experiencia de atención al público parece ligera. James conquista ese respeto durante la celebración de una feria agrícola y ganadera, en la que actúa como juez, tras soportar constante acoso, humillación y chantaje.

Todo esto se desarrolla con un cierto aire bucólico, reforzado por extraordinarias panorámicas, y con concesiones a la exageración humorística, aunque los personajes no siempre resultan divertidos.

Afortunadamente, la situación cambia al interior de la clínica. Siegfried Farnon es un personaje singular y sumamente divertido: parece estar siempre enfadado y gritando, pero en el fondo es un hombre que tuvo que asumir la responsabilidad de su hermano menor tras quedar huérfanos a temprana edad, y además es viudo. Por ello, se comporta como un padre severo y demuestra timidez frente a mujeres por las que siente atracción, incapaz de abrirse a una nueva relación amorosa.

La señora Hall, ama de llaves de Farnon, es la única persona de Darrowby que se muestra sensata, locuaz y capaz de enfrentarse a su jefe mediante ingenio y autoridad maternal. Posee un drama personal relacionado con su pasado y su hijo, lo que la hace más humana y cercana.

Finalmente, Tristan Farnon, el hermano menor de Siegfried, es un espíritu libre con buen corazón, que se toma con calma sus estudios de veterinaria, algo que molesta a su hermano mayor, quien financia su educación.

En cuanto a la primera temporada, compuesta por siete capítulos, se trata de una serie agradable de ver. Sin embargo, la trama principal apenas se desarrolla más allá del anecdotario, y recurre a un conflicto bastante trillado: el clásico triángulo amoroso, donde alguien inevitablemente sale con la “patata rota” (sabemos que Longbottom no tiene posibilidades).

Wight publicó su primer libro en 1969, ganándose rápidamente la aprobación del público y convirtiéndose en toda una celebridad en el Reino Unido; incluso hoy su clínica es un punto de atracción turística. Se le considera un autor que despertó la vocación de muchos jóvenes por la veterinaria, y todo indica que su legado permanecerá vigente por mucho tiempo.

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