Guardia de literatura: reseña a «Topaz», de Leon Uris

Título original: Topaz
Planeta y Bruguera
Traducción: Baldomero Porta Gou
Nº 36 de la serie Bestseller Planeta
1984
ISBN: 84-320-8238-4
363 páginas
Una novela de espías en plena Guerra Fría que entreteje traiciones, secretos de Estado y lealtades quebradas, con un trasfondo político tan real como incómodo

El topo ha sido una constante en los temores más profundos de los servicios secretos de cualquier nación. Por ello, no es de extrañar que sea el eje vertebrador de un sinfín de novelas del género de espionaje.

Sirviéndose de un escándalo real —al igual que hizo también John le Carré para el arranque de su trilogía dedicada a Karla—, Leon Uris escribió una novela corta pero intensa, centrada en los servicios secretos franceses y en la infiltración enemiga en el gabinete del presidente Charles de Gaulle, en plena crisis de los misiles de Cuba.

Al principio de la novela conoceremos a Michael Nordstrom, representante estadounidense de la red de colaboración y cooperación internacional de Inteligencia de la OTAN, llamada ININ. Nordstrom formará parte activa de un plan de extracción de un alto oficial de la KGB que quiere desertar a Occidente, no porque esté en su ánimo traicionar a la URSS, sino porque se ha ordenado su ejecución. Kuznetov, que así se apellida el desertor, posee información vital para los intereses de Francia, pero sólo está dispuesto a compartirla con André Devereaux, uno de los más importantes agentes del SDECE y un grano en el culo para los aduladores del presidente Pierre La Croix (y del propio La Croix): una infiltración soviética al más alto nivel en el Elíseo, conocida como Topaz y dirigida por un traidor cuyo nombre en clave es Columbine.

Hay una gran conspiración en marcha, y la crisis de los misiles —en la que Devereaux participa ayudando a sus amigos estadounidenses a desbaratar los planes soviéticos en la Gran Antilla— parece, en principio, un recurso de Uris para distraer al lector y retrasar el asunto de Topaz. Sin embargo, todo está vinculado, y Uris nos lleva, paso a paso, a Copenhague, Washington, La Habana y París. Entre reuniones secretas en despachos de embajadores, entrevistas en salas de interrogatorios, encuentros amorosos, fiestas y discusiones de pareja —sin olvidar la sordidez de buena parte del trabajo de campo—, nos iremos sumergiendo en la historia.

Uris sabe construir una novela tensa sin renunciar al humor, como cuando se nombra a sí mismo de tapadillo en boca de Devereaux, pero tampoco rehúye la amargura, que se saborea intensamente con la lectura del capítulo final. Notas que, sin duda, debieron convencer a Alfred Hitchcock para filmar su adaptación cinematográfica.

Sin embargo, Uris comete un error fatal al trasladarnos, en el último tercio de la novela, al pasado de Devereaux durante la Segunda Guerra Mundial. Solo están él y dos amigos con los que huye de Francia, cruzando los Pirineos, para unirse a las tropas de la Francia Libre. Resulta más que obvio que uno de esos dos amigos terminará siendo Columbine, y no cuesta nada adivinar quién.

Aunque se describe y reconocemos a John Fitzgerald Kennedy, no se le menciona por su nombre y apellido. Por su parte, Charles de Gaulle es referido en una sola frase, en boca de Devereaux, pero como un tercero ajeno a la trama, aunque es innegable que Pierre La Croix representa a De Gaulle, pues a él se le atribuye el liderazgo de la Francia Libre. Sobre el presidente estadounidense no acabo de entender la razón de su anonimato, pero en cuanto al francés, me imagino que Uris, en aquel 1967, quiso evitar cualquier demanda por parte de De Gaulle, ya que no parece resultarle muy simpático. Al contrario, Uris no tiene reparos en mencionar abiertamente —con nombres y apellidos— a Fidel Castro o al Che Guevara, ni en manifestar la mala opinión que tiene de ellos.

Topaz es una novela que retrata el alto precio que se paga por la lealtad a un país cuando sus dirigentes no son leales ni con el pueblo ni con sus servidores.

No hay comentarios

Con la tecnología de Blogger.