Guardia de cómic: reseña de «El fotógrafo. Edición Integral» (2019)
Guión: Didier Lefèvre y Emmanuel Guibert
Fotos: Didier Lefèvre
Dibujos: Emmanuel Guibert
Color: Frédéric Lemercier
Traducción: Pedro Riera y Aliénor Benoist
Astiberri, Bilbao
Segunda instancia: 2019
978-84-16251-18-6
272 páginas
En 1986, el fotoperiodista Didier Lefèvre emprendió un viaje al corazón del Afganistán en guerra; de aquella experiencia nació El fotógrafo, una obra que combina testimonio, arte y memoria
Didier Lefèvre (1957-2007) fue un fotoperiodista que, en 1986, se unió a una misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) y se internó en los valles recónditos del Afganistán de los muyahidines, durante la guerra soviético-afgana. Con sus cámaras al hombro y las anotaciones que fue tomando a lo largo de los meses —perdidas y únicamente recuperadas gracias a los recuerdos del propio Lefêvre—, nos legó un libro de viajes singular, en el que su prosa se entreteje con fotografías en blanco y negro e ilustraciones del dibujante Emmanuel Guibert. Podría decirse que es una obra que aúna tres maneras de narrar en perfecta simbiosis.
Según la nota de prensa de Astiberri, El fotógrafo revolucionó el cómic de reportaje periodístico y levantó acta de un conflicto que ha marcado la geopolítica internacional. Y no está muy desencaminado.
En su momento tuve ocasión de leer los dos primeros volúmenes de una trilogía que, por suerte, Astiberri reunió más tarde en una edición integral. Esta versión completa permite retomar la experiencia con una nueva perspectiva. Tal vez por eso la lectura del tercer volumen me ha resultado especialmente atractiva, aunque me resisto a dar el brazo a torcer. La razón es simple: en esta tercera parte Lefèvre decide regresar solo a Pakistán, acompañado únicamente por una pequeña escolta de afganos, sin la cobertura de sus protectores —los médicos de MSF—, todos ellos occidentales pero curtidos y conocedores de las rutas de caravanas, los clanes, los tejemanejes y el idioma. Con un rudimentario diccionario inglés-farsi como único apoyo para hacerse entender, Lefèvre sufrirá enfermedades, traición, corrupción, muerte, odio y dolor; pero también hallará cobijo en personas sobre las que se le había inculcado un prejuicio negativo. Ya no se trata de la traslación de un reportaje sobre MSF: Lefèvre pasa de ser testigo a ser protagonista.
El fotógrafo es, al mismo tiempo, un libro de viajes y de aventuras —¿por qué no?—, donde se cuela la belleza de un país que parece un infierno en la Tierra; donde la guerra está siempre presente, aunque solo se manifieste visualmente en los heridos que llegan al hospital de MSF; donde la religiosidad convive con la necesidad práctica. Es un libro que merece ser leído para comprender un territorio más allá de las noticias, una oportunidad para ver a través de los ojos de Lefèvre y de sus cámaras.
La experiencia fue dura para el autor: su cuerpo se resintió, especialmente su dentadura. Pero lo marcó para siempre, hasta el punto de regresar a Afganistán en más de una ocasión.
Si hubiera que ponerle una pega a la obra, sería que todas las fotografías —salvo una— son en blanco y negro, con lo bueno y lo malo que ello conlleva en el plano visual. A estas imágenes se suman las viñetas, cuyo contenido amplía las parcas notas de Lefèvre gracias al trabajo de Guibert, aunque en ocasiones transmiten cierta sensación de vacío o reiteración.
No quisiera cerrar con un apunte negativo. El volumen, en cartoné y con unas generosas dimensiones (23,5 x 31 cm), se cierra con notas de los hombres y mujeres que se cruzaron con Lefèvre en esta aventura. Apenas unas líneas que hablan de vidas posteriores a 1986 en el mejor de los casos, porque de muchos nada se supo.

Post a Comment