Guardia de cómic: reseña de «Totentanz», de Dino Battaglia
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| Título original: Totentanz Traducción: Laureano Domínguez ASTIBERRI Ediciones SL, Bilbao Colección Sillón Orejero Primera edición: septiembre de 2005 ISBN: 84-95825-006 127 páginas |
Entre sombras, claroscuros y silencios de tinta, Dino Battaglia convoca en Totentanz a los maestros de lo inquietante
Si me pidieran recomendar a dos dibujantes del cómic italiano, a dos fumettisti de referencia, no dudaría en mencionar a Hugo Pratt y Dino Battaglia. El primero, por su extraordinaria capacidad para transportarnos al corazón mismo de la aventura en estado puro, plena de acción, pero también cargada de reflexión y de guiños históricos y literarios. El segundo, porque posee justo aquello de lo que Pratt carecía: un trazo desbordante y un virtuosismo único con la tinta.
Battaglia es ampliamente reconocido por sus adaptaciones de la literatura clásica —de autores como Victor Hugo, Oscar Wilde o H. P. Lovecraft— al lenguaje dinámico del cómic. Entre sus obras más destacadas se encuentra Totentanz (Danza de la Muerte), un auténtico dédalo gótico, grotesco y perturbador. En este volumen reunió once relatos: siete de Edgar Allan Poe, dos de E. T. A. Hoffmann, uno inspirado en los versos de Simone Baschenis y su muy personal versión del mito del Golem, a partir de la novela de Gustav Meyrink y de un poema de Jorge Luis Borges. Allí conviven títulos tan célebres como La caída de la casa Usher, La máscara de la Muerte Roja o Ligeia, con otros menos difundidos, como El rey Peste.
El álbum se abre con un prólogo de Juan Manuel Díaz de Guereñu, catedrático de Comunicación en la Universidad de Deusto, y da paso de inmediato a la historia que le da nombre. Desde las primeras páginas, el lector queda fascinado por la construcción visual de Battaglia, tan cautivadora como exigente, donde reina una anarquía plástica calculada: perfiles fragmentados, manchas de tinta, sombras que devoran el espacio, claroscuros que rozan lo onírico. Cuando el difunto maestro Annekeen atrapa a su asesino para arrastrarlo a la interminable cadena de la Danza de la Muerte, el trazo de Battaglia estremece y sobrecoge con una belleza terrible, constante a lo largo de un volumen que también sabe dar cabida a lo caricaturesco y al humor negro.
Si hubiera que comparar a Battaglia con otro artista, el nombre más cercano sería el de su compatriota Sergio Toppi. Pese a sus diferencias evidentes, ambos comparten la capacidad de fusionar literatura y un grafismo exuberante que convierte la lectura en una experiencia absorbente.
Quienes disfruten tanto del cómic como de la literatura clásica hallarán en Totentanz una obra imprescindible. Battaglia no se limita a ilustrar los textos: los reinterpreta, los reconstruye, como ocurre en La máscara de la Muerte Roja. La edición de Astiberri contribuye al disfrute con un formato generoso (22x30), tapa dura y papel de alto gramaje que realza cada línea, cada sombra, cada trazo del maestro italiano.
En cada línea y cada sombra de Totentanz late la certeza de que Battaglia no dibujaba cómics: invocaba espectros de tinta para que dialogaran con los fantasmas de los autores que adaptó.

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