Guardia de cine: reseña de «Los compañeros del diablo» (1970)
Tensa y sugestiva película que se ve de un tirón
Otro título más dentro de la vertiginosa aventura italo-francesa de Charles Bronson, filmado hace más de medio siglo junto a su esposa, Jill Ireland, además de James Mason y Liv Ullmann, y bajo la batuta de Terence Young en la que es una adaptación de la novela Ride the Nightmare, de Richard Matheson (Soy leyenda).
En esta ocasión, Bronson interpreta a Joe Martin, un aparente hombre de mar que se dedica a llevar de paseo en yate a pudientes germanos que veranean en la Costa Azul. Sin embargo, tras su simpática fachada se esconde un exsoldado fugitivo, quien años atrás escapó de una cárcel militar en Alemania. Se unió a la evasión orquestada por el capitán Ross, más inclinado a tratar con la Mafia que a ser leal a su país. Martin debía ser el conductor del vehículo que los alejaría a gran velocidad de los muros de la prisión, pero todo se tuerce cuando uno de los secuaces de Ross, un tal Katanga, asesina a un policía que les sale al paso. Martin abandona a sus compañeros de fuga y desaparece.
Con el tiempo, Martin se ha casado con Fabienne, quien no sabe nada de la vida pasada de su marido, pero tendrá que ponerse al día cuando Ross y sus antiguos compañeros de presidio den con el traidor. Aunque la historia podría haber sido una venganza recalentada en una celda, lo cierto es que Ross no busca represalias, sino que quiere a Martin y su yate para una operación de narcotráfico. Martin tendrá que enfrentarse a Ross, quien, paradójicamente, será el único aliado con el que contará para asegurar la supervivencia de Fabienne y su hija.
La película se aleja bastante del escenario ideado por Matheson en lo que fue su tercer thriller, publicado en los años cincuenta a 0,35 $ la copia. El argumento fue utilizado por Alfred Hitchcock en su programa de 1962, pero la producción italo-francesa le da un giro: cambia la época, la ubicación geográfica y la motivación de los personajes, sustituyendo ladrones de bancos por exmilitares.
Con la experiencia de Terence Young en la saga de James Bond, no es de extrañar que su combinación con Bronson resulte en una cinta de acción con trepidantes persecuciones automovilísticas (sin abusar de la aceleración de imágenes, gracias a Dios). A pesar de recibir de la crítica un aprobado raspado, el thriller es muy digno de ver: mantiene la capacidad de generar tensión, aunque su resolución deje el amargo sabor de la precipitación.

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