Guardia de televisión: reseña de la segunda temporada de «Miércoles» (2025)

Título original: Wednesday. 2025. 8 capítulos de 45 min. Aprox. EEUU. Dirección: Alfred Gough (Creador), Miles Millar (Creador), Charles Addams (Creador), Tim Burton, James Marshall, Gandja Monteiro, Paco Cabezas, Angela Robinson. Guion: Alfred Gough, Miles Millar, Kayla Alpert, April Blair, Matt Lambert, Siena Butterfield, Erika Vázquez, James Madejski, Valentina Garza, Lauren Otero. Personajes de Charles Addams. Reparto: Jenna Ortega, Catherine Zeta-Jones, Luis Guzmán, Christina Ricci, Isaar Ordoñez, Joanna Lumley, Gwendoline Christie, Emma Myers, Jamie McShane, Hunter Doohan, Georgie Farmer, Moosa Mostafa, Riki Lindhome, Evie Templeton

Miércoles Addams es como un soufflé 

De fenómeno adolescente global a producto que apenas levanta conversación: la serie creada por Alfred Gough y Miles Millar para Netflix, con Tim Burton como productor ejecutivo y director de algunos episodios, ha completado su segunda temporada casi en silencio. Si en 2022 Miércoles Addams lo inundó todo —tendencias, memes, disfraces de Halloween—, en 2025 esta segunda entrega ha pasado como un tren que no se detiene en ninguna estación. La pregunta no es menor: ¿ha bajado el nivel de la producción? ¿Se ha resentido el guion por la presión de mantener el listón? ¿O estamos ante una serie aplastada por el peso de sus propias expectativas, víctima del tiempo excesivo transcurrido entre una entrega y otra para un público adolescente con la atención tan disputada? La respuesta, como casi siempre, es una mezcla de todo lo anterior.

La temporada arranca con Miércoles de regreso a Nevermore para un nuevo curso, tras una aventura veraniega que se despacha como guiño introductorio. La academia incorpora a Pugsley Addams, mientras los padres —Gómez y Morticia— se instalan en un edificio aledaño, intensificando la presencia familiar. La trama principal se articula en torno a una serie de brutales asesinatos perpetrados por un asesino anónimo con capacidad de controlar cuervos, mientras los indicios apuntan al psiquiátrico Willowhill, donde permanecen internos Tyler Galpin y Marilyn Thornhill. A esto se añaden la secta de la que huye la madre de Bianca Barclay, la llegada de un nuevo director y las peripecias de Pugsley.

El problema estructural más grave de la temporada es que lo que se presenta como trama principal acaba funcionando como mero conductor narrativo. Lo que parecía una subtrama secundaria termina siendo el verdadero eje dramático de la temporada. El giro tiene mérito en sí mismo, pero la manera en que se anudan a él las tramas previas —y sobre todo su resolución— resulta abrupta y poco convincente. El espectador llega al desenlace con la sensación de que los cimientos se han movido demasiado tarde y demasiado deprisa. A este problema se suma uno de los errores más difíciles de justificar en una segunda temporada: la repetición. Los guionistas recuperan situaciones y arcos de personajes ya vistos en la primera entrega sin añadir capas nuevas, y vuelven a ignorar sistemáticamente la vida cotidiana en Nevermore, un filón narrativo que la serie lleva dos temporadas desperdiciando.

Hay que decirlo con claridad: los episodios dirigidos por Tim Burton son los únicos que consiguen mantener al espectador pegado a la pantalla. El resto transita entre lo agotador y lo tedioso, con una cadencia que durante la primera mitad de la temporada invita, de forma legítima, a abandonar la serie. Es un diagnóstico severo, pero honesto. Una producción de este calibre no puede permitirse que su mayor enemigo sea el aburrimiento.

La temporada gana en complejidad de personajes, aunque no siempre de manera satisfactoria. Varios nombres de peso de la primera entrega desaparecen sin demasiadas explicaciones —el sheriff Galpin acaba en el cementerio casi de puntillas—, mientras se incorporan nuevas figuras con desigual fortuna. Entre las incorporaciones destacan dos. Agnes Demille es una acosadora siniestra con el don de la invisibilidad, un personaje que sobre el papel podría resultar irritante y que sin embargo, gracias a la interpretación de Evie Templeton, consigue un arco emocional genuino: el espectador pasa de la aversión al afecto real. Isadora Capri, aunque con menos presencia, apunta a ser un activo interesante para el futuro de la franquicia. Entre los elementos recuperados, funcionan bien la mayor implicación de Morticia en la vida de su hija, el drama de Enid Sinclair, la revelación del origen de Cosa y la irrupción de la abuela de Miércoles, que sacude la dinámica familiar con energía genuina. La recuperación de Larissa Weems en forma de fantasma es también un acierto. El punto más débil del reparto es, paradójicamente, uno de los fichajes más llamativos: el director Dort, interpretado por Steve Buscemi. Desde su primera aparición queda claro que algo no cuadra con él, lo que elimina cualquier tensión dramática, y su resolución final resulta tan apresurada como decepcionante. Un personaje con ese intérprete merecía un tratamiento muy distinto.

Pese a todo, la segunda temporada tiene una arquitectura narrativa más ambiciosa que la primera. El pasado de Gómez y Morticia se llena de secretos oscuros que amplían el universo Addams más allá de lo que cabía esperar, y la lucha que se plantea va mucho más lejos que recuperar el don de Miércoles o salvar a Enid de la muerte. Hay, en ese fondo, material interesante. El problema es que la serie no siempre sabe cómo sacarlo a la superficie sin tropezar con sus propios pies. La comparación estructural con el universo de Harry Potter, presente ya en la primera temporada, se acentúa aquí: nuevo curso, nuevas amenazas, incorporación de personajes familiares al entorno escolar. Es un andamiaje que funciona como orientación narrativa, pero que a estas alturas empieza a sentirse más como una muleta que como una elección consciente.

Miércoles, en su segunda temporada, es una serie que se debate entre lo que quiere ser y lo que consigue ser. Tiene ideas más ricas que su predecesora, pero una ejecución más irregular. Tiene incorporaciones de personajes que funcionan, y otras que no. Tiene episodios que enganchan y episodios que agotan. El capítulo final deja abierta la puerta a una tercera temporada con promesas de nuevas revelaciones, pero la pregunta que planea sobre la producción es si la audiencia seguirá ahí cuando lleguen otros ocho nuevos capítulos. 


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